Mi hermana no hablaba. Solo dibujaba círculos en su cuaderno y me repetía: “Él no está mirando a ti. Está mirando lo que podríamos ser”. Esa noche, en el dormitorio, me pregunté cuánto de la farsa era suya y cuánto ya era mía.
Aprendí a usar los codos para evitar quedar bajo su lente, pero Andrés siempre se reía como si supiera un chiste privado: “No es solo para ti. Es para todos ”. El dispositivo registraba cada bocanada, cada susurro. Un día, mientras preparaba la cena, lo oí preguntarle a mi madre por mi rutina de colegio en una tonalidad que no era de preocupación, sino de un interés clínico, como si fuera un cirujano desenterrando algo que no pertenece a él. A Mi Padrastro Le Gusta Mirar - Belle Hart -DOC
A los catorce años, descubrí que las cámaras tenían un segundo canal: un lugar en la computadora donde las imágenes se guardaban sin compresión. Allí, el tiempo se detenía en fragmentos. Encontré a Andrés mirando con el rabillo del ojo mientras me duchaba. No hice nada, porque había aprendido que las palabras aquí se convertían en pruebas inadmisibles. Lo llamé un “artesano del acoso”, pero él simplemente cerró la puerta del baño con más fuerza y dijo: “Es tu imaginación, cariño. Las nuevas luces dejan mucha sombra”. Mi hermana no hablaba